Discurso cínico y de un país irreal

Discurso cínico y de un país irreal

El Presidente no hizo referencias a la recesión ni al aumento de desempleo registrados en su primer año de gestión. Confrontó con los docentes como si fuera una guerra. Sigue tocando la tecla de la "pesada herencia".

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Bañado en un claro tono de campaña electoral, el presidente Mauricio Macri dio hoy el discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Fue la segunda oportunidad en la que se presentó frente a la Asamblea Legislativa, que reúne a los diputados y senadores de todas las fuerzas políticas. Durante una hora, el Presidente repitió las consignas y el espíritu del marketing político del oficialismo y protagonizó varios cruces con los legisladores del Frente para la Victoria-PJ, que desde sus bancas le recordaron a los gritos y con carteles el escándalo del Correo Argentino, la detención de Milagro Sala y las irregularidades que se investigan por el otorgamiento de rutas áreas a las empresas denominadas “low cost”. “Ratifiquemos nuestra convicción por el cambio. No escuchemos a los que nos quieren desa- nimar y nunca quisieron el cambio, ni hacen autocrítica de lo que hicieron en el pasado”, aseguró Macri, en alusión a las legislativas de octubre y polarizando con el FpV. El líder de Cambiemos también cuestionó a los docentes y le pidió al Congreso que sancione una “Ley de Responsabilidad Empresaria”, en un intento por dejar atrás los reiterados conflictos de interés que sacuden a su administración desde su inicio. Sobre el final, se permitió un discurso poco frecuente y apeló a las emociones que, según él, “son lo más real que tenemos”. “No hay más lugar para cinismos, señores”, remató. Afuera, a pocos metros, cientos de docentes, investigadores del Conicet y movimientos sociales reclamaban contra los recortes en el Estado, por un salario digno y  ayuda para los sectores más desprotegidos.

Macri llegó al Congreso a las 11.15 en helicóptero y en medio de un gran operativo de seguridad dispuesto para que los manifestantes no impidieran su ingreso ni el de su comitiva. Minutos antes, la vicepresidenta Gabriela Michetti daba por iniciada la sesión y solicitaba la formación de las comisiones de recepción interior y exterior que le darían la bienvenida protocolar al Presidente. En las galerías, lejos de lo que supieron ser los años de la gestión kirchnerista, no había referentes de organismos de derechos humanos. Tampoco banderas, militantes, artistas, científicos ni sindicalistas. La única excepción fue Gerónimo “Momo” Venegas, el representante gremial del macrismo. En  cambio, en los principales palcos podía verse al titular de la UCR, José Corral, y al presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luis Miguel Etchevehere. También a intendentes como Nicolás Ducoté, de Pilar, o a la secretaria de Asuntos Legislativos, Paula Bertol, entre otros invitados especiales. A los costados del estrado, se ubicaron gobernadores como Juan Manuel Urtubey (Salta), Claudia Ledesma (Santiago del Estero), María Eugenia Vidal (Buenos Aires), Horacio Rodríguez Larreta (Ciudad de Buenos Aires), Miguel Lifschitz (Santa Fe), Sergio Uñac (San Juan), Sergio Casas (La Rioja), Alberto Rodríguez Saá (San Luis) y Alfredo Cornejo (Mendoza). También estuvieron los cinco integrantes de la Corte Suprema, encabezados por Ricardo Lorenzetti. El elenco ministerial estuvo en pleno para escuchar el mensaje presidencial. El jefe de Gabinete, Marcos Peña; el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; la canciller Susana Malcorra, y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, ocuparon los primeros lugares del sector.

Macri utilizó su discurso para confrontar con el Frente para la Victoria. Recurrió a chicanas y alusiones directas a la gestión de Cristina Fernández, que fueron los momentos de mayor tensión de la jornada. En las bancas del FpV-PJ, se podían leer pancartas y carteles con las leyendas “Yo te vi mandarnos a la pobreza”; “Yo te vi regalarte rutas aéreas”; “Yo te vi bajar las jubilaciones” o “No al desmantelamiento del Conicet”.  Sobresalía una cartulina amarilla en la banca de una diputada misionera: “Macri = Economías regionales en crisis. Madera, yerba, tabaco”, decía el texto. Esa misma diputada, María Britez, se acercó mientras el Presidente estaba hablando para acercarle un paquete de yerba y visibilizar así la crítica situación de los productores de su provincia. La izquierda también llevó sus consignas: “Anulación del decreto xenófobo”, “Yo apoyo la lucha docente” y la lucha de los trabajadores de AGR-Clarín.

Al igual que el año pasado, el Presidente habló durante casi una hora exacta (lejos de las casi tres horas de su antecesora). Los ejes de su discurso fueron la inflación, la educación y la lucha contra la corrupción, entre otros. Hubo un párrafo al pasar sobre el #NiUnaMenos y la lucha contra la “violencia machista”, un tema que despierta la crítica permanente de la mayoría de las agrupaciones feministas por los recortes y la falta de apoyo estatal. También en contraste con CFK, no fue un discurso respaldado por una gran cantidad de datos ni estadísticas.

Uno de los momentos más calientes ocurrió durante la alusión del Presidente a la situación de los maestros. El mandatario aseguró que es necesario “cuidar a los docentes”, lo que generó murmullo y griterío en las bancas opositoras. Mientras los gremios tienen convocado a un paro nacional para el 6 y 7 de marzo, Macri aseguró que su compromiso es lograr “una revolución educativa en todo el país”. Para eso, sostuvo, son necesarios docentes “formados, motivados, reconocidos” y con un “salario digno”. El ruido desde el sector opositor fue en aumento y estalló cuando recordó a “María Marta, que por querer tomar un examen fue amenazada con una bala”. “Baradel también fue amenazado”, le recriminaron a los gritos. Con reflejos, Macri aprovechó para apuntar contra el titular de Suteba, el principal gremio docente bonaerense: “Baradel no necesita que nadie lo cuide”, remató. Al terminar el discurso, el dirigente gremial se dirigió a Comodoro Py, para presentar una denuncia penal contra Macri por esa afirmación, que interpretó como una “amenaza velada”.

Durante toda su exposición el Presidente buscó instalar un mensaje positivo y patear para adelante el cumplimiento de las promesas de campaña. “Superamos lo más difícil de esta transición y el país está cambiando. Argentina se está poniendo de pie. Aparecen las señales de una mejora en la economía. El 2017 será, estoy seguro, mejor que el año anterior.”, dijo y despertó el primer aplauso de la tribuna oficialista.

En términos económicos, hizo hincapié en la inflación, que  “en el segundo semestre fue del 8,9 por ciento. Repitió así el libreto del Gobierno, que pretende anualizar ese período para evitar hablar del 40 por ciento de inflación con el que cerró el 2016. No hubo alusiones a la caída de la actividad económica, los despidos o el aumento de la pobreza. Prefirió retomar los cuestionamientos a la “manipulación” estadística del gobierno anterior.  Al referirse al turismo tuvo que escuchar los gritos del kirchnerismo enrostrándole la eliminación de los feriados puente.

Otro momento picante de la apertura fue durante las alusiones del Presidente a la “corrupción” kirchnerista. “Después de una década de despilfarro y corrupción, empezamos a normalizar el sector energético”, empezó Macri, quien tuvo que repetir varias veces la frase para poder concluirla. Desde las bancas del FpV-PJ lo interrumpían a coro con el cantito: “curreeeeeeo, curreeeeeo”, en referencia a la quita de deuda del 98,87 por ciento que el gobierno de Macri aceptó por parte del Grupo Macri, propietario del Correo Argentino S.A. “Sí se puede, sí se puede”, repetían como en respuesta desde la tribuna de Cambiemos. Tal como se había anticipado, anunció la publicación de “dos decretos sobre juicios y contrataciones para la gestión de conflictos de intereses”. “La obra pública dejó de ser sinónimo de corrupción”, aseguró mientras en la Justicia proliferan las causas contra él, su familia y distintos funcionarios por fraude a la administración pública.

Las risas irónicas y los comentarios entre diputados y senadores se repitieron cuando el Presidente habló de la Justicia: “Nuestra Justicia necesita cambiar. Creemos en una Justicia independiente, que dé respuesta rápida a la gente”, aseguró. Los legisladores recordaban el pedido de juicio político a dos camaristas laborales que fallaron en contra de la voluntad del Gobierno nacional. También, como reveló PáginaI12, la existencia de listas negras y de presiones a jueces que no son afines a sus intereses.

Hubo varias ausencias notorias. La ex presidenta no compartió el palco previsto para ex mandatarios. El diputado Máximo Kirchner y la senadora Virginia García, referentes de La Cámpora, tampoco asistieron. Voceros del Frente Renovador explicaron que Sergio Massa se encontraba de viaje en Israel.

Como es tradición en todos los discursos presidenciales, no faltó el tema Malvinas. Macri defendió su giro en la política de defensa de la soberanía sobre las islas. “El diálogo fortalece nuestra posición”, aseguró. Guillermo Carmona, vicepresidente de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara baja se salía de la vaina por responderle con su reciente denuncia sobre el aumento de la militarización por parte de Gran Bretaña. También el giro en la política exterior, con relaciones “maduras y pragmáticas” con el mundo por parte del gobierno macrista, fue motivo de autoelogio.

Sobre el tramo final, el Presidente dejó de leer y apeló a un discurso más afectivo, “porque los sentimientos, las emociones son lo más real que tenemos”. Se mostró “contento” por el cambio de signo político “hace más de 15 meses”, repasó ligeramente los cambios y avances tecnológicos y sociales que atraviesan el siglo XXI y reclamó “dejar de tener una agenda mezquina, pequeña, negar lo que pasa en el mundo”. “No hay más lugar para cinismos, hay que creer, realmente tenemos que actuar. Nos lo debemos a nosotros, a nuestros hijos, a los hijos de nuestros hijos. Ya no tenemos más excusas”, completó Macri, despertando nuevamente la reacción de la oposición. “Vos sos un cínico”, le gritó con la mano en alto la camporista Mayra Mendoza. El oficialismo, en cambio, vivaba a un Macri que iba llegando al final de su discurso subiendo el tono electoral.

“Me emociona, realmente me emociona mucho cada vez que veo que somos millones los argentinos que creemos en lo que estamos haciendo, que creemos que el cambio es posible”, sostuvo Macri y remató con las promesas de un futuro mejor: “La argentina se está poniendo de pie. Por eso, hoy más que nunca tenemos que confiar en nuestra capacidad de hacer juntos, en nuestra capacidad de hacer, en el entusiasmo de hacer”.

Tras unos breves aplausos, el recinto comenzó a desocuparse y quedó inaugurado el período 135 de sesiones ordinarias.

En su segundo discurso de apertura de sesiones ordinarias, el presidente Mauricio Macri planteó el escenario de un país que está dejando atrás una etapa de decadencia para iniciar el camino del desarrollo. “Superamos lo más difícil de esta transición y el país está cambiando: Argentina se está poniendo de pie”, dijo el mandatario ante la Asamblea Legislativa, confiado de que “aparecen señales de mejora de la economía” por las que “2017 va a ser mejor que el año anterior”. Sin embargo, a la hora de argumentar ese optimismo, Macri echó manos a una serie de datos que no se ajustan a la realidad. Según un chequeo que llevó a cabo el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), para llevar a buen puerto su relato de refundación nacional, el Presidente falseó o distorsionó información en temas clave como crecimiento, empleo, inflación, exportaciones, desempeño del sector agrícola, el mentado Plan Belgrano y el reparto de la coparticipación.

El principal argumento en el discurso para explicar los magros resultados de gestión fue la llamada pesada herencia. “Hace cinco años que no crecemos ni generamos empleo”, dijo, justificando los malos indicadores de 2016 en una supuesta inercia recibida del gobierno anterior. Sin embargo, observa el informe de CEPA utilizando datos del Indec, la economía creció en los años 2011 (un 6 por ciento), 2013 (2,41 por ciento) y 2015 (2,65 por ciento), mientras que “al tercer trimestre de 2016 el PBI registra una caída de 3,8 por ciento en términos interanuales” mientras que la proyección del FMI para este año “ha sido corregida a la baja” y prevé una contracción de 1,8 por ciento.

En lo que refiere a la generación de puestos de trabajo, el documento advierte que “entre noviembre de 2010 y noviembre de 2015 el empleo privado registrado aumentó en 441.240 casos, es decir, un 7,58 por ciento”, lo que significa una variación anual acumulativa de 1,47 por ciento, según datos del Ministerio de Trabajo. “En ostensible contraste, y siguiendo la misma fuente, entre el cuarto trimestre de 2015 y el tercer trimestre 2016 fueron expulsados 127.905 trabajadores del mercado laboral”, agrega. De esta forma queda claro que la tendencia a la pérdida de empleos que se observó durante los últimos 14 meses no es la continuación de una pendiente previa sino consecuencia directa de las decisiones políticas y económicas de esta administración.

Con respecto a la inflación, Macri dijo que “estará bajo control” y “en claro camino descendente”. Según observa el chequeo de CEPA, durante 2016 la inflación según el instituto de estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo del gobierno oficialista de Horacio Rodríguez Larreta, superó el 40 por ciento. En cambio, durante el 2015, incluso contando el mes de diciembre, cuando ya gobernaba el PRO y la variación de precios tuvo un incremento significativo, la inflación en CABA fue de 27,17 por ciento. “Por otro lado -dice el documento-, en los últimos cinco meses de la gestión de Cambiemos, la inflación mensual promedio acumulativa tiene un guarismo similar al promedio de los últimos cinco meses de la gestión anterior. Si bien la comparación no se realiza sobre períodos similares, se observa que los niveles actuales de inflación distan de haber reducido sensiblemente la variación de precios en la actualidad.”

Hilando más fino, el informe pone la lupa sobre los datos citados por Macri respecto a las exportaciones, que “aumentaron 2 por ciento en dólares y 7 por ciento en cantidades respecto de 2015”, en palabras del mandatario, citando datos del informe de Intercambio Comercial Argentino producido por el Indec. “Resulta útil analizar que ese leve aumento de exportaciones sólo se produjo en la exportación de productos primarios, sector beneficiado con la quita de retenciones y alteración del tipo de cambio, e incentivado por la desregulación cambiaria”, advierte el estudio. Por el contrario, las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) cayeron el año pasado un 6,64 por ciento, lo que “refleja el perfil de la actual gestión económica”.

Además, destaca CEPA, el Gobierno “tampoco ha logrado mejorar significativamente la performance de las Manifacturas de Origen Agropecuario (MOA)”. Motivo por el cual, si bien es cierto que el año pasado se registró “la cosecha más alta de la historia de trigo” y hay expectativas para que este año la producción sea aún mayor, las ganancias de este modelo económico quedan concentradas en pocas manos y no redundan en mayor nivel de empleo: entre 2011 y 2016 la producción agropecuaria aumentó en 34 millones de toneladas pero el número de trabajadores involucrados se redujo en 12 mil.

En su discurso, Macri también destacó que con el Plan Belgrano se comenzó “a saldar una deuda histórica con las provincias del norte”. Sin embargo, dice el informe de CEPA en base a datos del Ministerio de Economía, “la ejecución presupuestaria fue de solo 36,99 por ciento, en el marco de un presupuesto cuyo objetivo era sencillamente poner en marcha la Unidad Plan Belgrano”, sin involucrar directamente obras de infraestructura. Además, agrega, “resulta llamativo que las transferencias por coparticipación a las provincias del Plan Belgrano  recibieron menos dinero que el resto”. El promedio de las transferencias por coparticipación en todo el país se incrementó 31,36 por ciento entre 2015 y 2016, mientras que las provincias del Plan Belgrano tuvieron un aumento de solamente 26,98 por ciento.

Pero no fueron las únicas provincias perjudicadas en ese reparto. Aunque Macri se ufanó de que su gobierno “comenzó a devolver a las provincias el dinero que les correspondía para hacer un país realmente federal”, para CEPA, “luego de 11 años donde las transferencias por coparticipación en términos reales crecieron sustancialmente, el 2016 mostró una fuerte caída” de más de seis puntos en promedio. Así, el Presidente redondeó una serie de definiciones sostenidas sobre un andamiaje con poco apego a la realidad, desdibujando, en el comienzo de un año electoral, el límite entre la comunicación de gestión y los mensajes de una campaña que ayer en el Congreso ya parecía estar en marcha.

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