Esperanzas del suelo argentino

Esperanzas del suelo argentino

Violencia institucional, opinión sobre el accionar gubernamental y las fuerzas represivas del Estado

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Martín "Oso" Cisneros, asesinado por la convivencia delictiva de la Policia Federal

Por Joaquín Nabais

Los días de lluvia traen tranquilidad, como un llanto del alma que se desarma en una catarsis del unicolor, como una hoja en cenizas, el gris reinante, que tiñe todas las paredes de la ciudad, y surca húmeda en todos los rostros poco amigables que desdibujan la tarde metropolitana. Quizás los días así son producto de la incertidumbre de unos pocos, que nadie ve, que nadie atiende, que nadie mira, puntos en un espacio más, objetos de un paisaje desterrado, algunos “valientes” los denominaron como “los nadie”, pero aquellos puntos si se ven, y son molestos para algunos, que piensan que la realidad es ajena a ellos, criaturas amorfas indecentes, producto de la mediocridad accidentada, buscando su explicación, algunos obsecuentes de la opinión publica. Los nadie son huérfanos de todo raciocinio, de todo aire, de toda esperanza y progreso, son hijos de los errores de quienes se atreven a hablar por ellos, sin si quiera conocer, un poco de los ojos urbanos desechados por el patrón del tiempo.

Hay algunas esperanzas que parecen sumarse como letras en hojas despedazadas, corroídas por la historia desconocida, y la impericia política, esas esperanzas son voces que se contienen a cantar, hablar, y reclamar junto con las voces de los nadie, una suerte de nobleza y dignidad, de aquellos a los que a la servidumbre los quisieron empujar.

Una de esas esperanzas era Martín “Oso” Cisneros, era un dirigente de Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat (FTV), un movimiento integrado por desocupados del Oeste de Buenos Aires, pero hoy Cisneros, se lo recuerda como más que un dirigente, además pareciera que el encuadramiento dirigencial, suena frío, distante y devaluado, el “Oso” era un activista de los derechos humanos, aquellos derechos que fueron durante la década de los 90 y la decadencia del radicalismo en el nuevo siglo, desechos humanos.

“Martín era el mejor de todos nosotros, era un tipo que tiraba para adelante y que tenía una capacidad de organizar grandisima. Él era parte de las familias de las Bodegas Giol y, cuando volvió al comedor después de un tiempo, le dio un dinamismo muy grande a todo lo que es empleo: la Unidad de Producción Social es Martín”, declaraba ante los medios uno de los coordinadores del comedor Los Pibes de La Boca, y que hoy se retoma como relación a lo sucedido estos últimos días, donde la memoria activa sobre aquellas esperanzas brutalmente desterradas del suelo argentino, por balas injustificadas, aquellos tiros policiales asesinos, para otros sin recuerdo y que parecen disfrazar un dolor común, aquellas balas legales.

Juan Carlos “Colchon” Duarte, el roedor pertinente de la Comisaria N°24 del Barrio de La Boca, hoy se encuentra libre, transitando las calles, donde causa terror, angustia y enojo en los vecinos del barrio de la rivera, y parece justificar más aquellos días de terrorismo oculto, donde en la provincia de Buenos Aires, en plena democracia desaparecían y asesinaban a disidentes, trabajadores sociales, incluso individuos sin una proclamación opositora, como si para el poder político del momento fuese un acto delictivo, el caso del ajedrecista necochense, Saúl Canessa, demorado ilegalmente y brutalmente asesinado por la policía bonaerense en la Ciudad de Necochea, con la implicancia medica, complice de la tortura, que hoy parece ser historia olvidada en el distrito costero, o llegando a cumplirse hace pocos días, 14 años del sangriento accionar de la “Maldita Policia” sobre Kosteki y Santillán, y la impunidad policial sigue existiendo, producto de una historia construida sobre la falta de educación y responsabilidad que acompaña a toda la institución, y parece ser replicada en muchos ámbitos gubernamentales y sociales, uno de los peores casos de corrupción, la falta de conciencia responsable, sobre las repercusiones de las funciones públicas, y no solo estatales, la función empresarial también es un actor central que ayuda como generador de un circulo vicioso, ya que el poder mediático-económico, fue capaz de hacer pasar el asesinato de Kosteki y Santillan, como dos muertes aisladas causadas espontáneamente por la ultima crisis económica y financiera.

Parece que la violencia institucional, hoy trasciende nuevas barreras, en las que los responsable vuelven a adquirir protagonismo social, bajo un sistema de enjuiciamiento que no se atreve a la rehabilitación, si no al castigo en algunos casos, y el premio del libertinaje para aquellos que fueron funcionales a la causa de un sistema perverso. El mismo sistema que produce a los nadie, es el mismo sistema que se encarga de erradicar a aquellas esperanzas que nacen en este suelo, aquellas esperanzas que tiñen de sangre las calles de sus pueblos, barrios y ciudades, que son el agua de siembra, de nuevas esperanzas, ese sistema cosecha lo que siembra.

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