Otra inexplicable defensa

Otra inexplicable defensa

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Por Agustín Supicich

Hace tres días, una nueva editorial del diario La Nación titulada “Defensa: por ahora sólo desfiles” volvió a sorprender a la sociedad argentina por hablar de las Fuerzas Armadas en un tono reivindicativo, además de un pedido de “reconciliación” y “superación” tras enumerar una serie de falencias en política de defensa de nuestro país.

De principio a fin, la editorial es un insulto a la memoria del pueblo argentino ya que induce a, precisamente, olvidar el papel horripilante y el accionar ilegal de las fuerzas militares a lo largo de la historia de nuestro país pero, sobre todo, en la década del 70 y exige que se revise la política de defensa contando en plenitud con las fuerzas armadas.

Acostumbrados nos tiene La Nación a los editoriales afectivos sobre las fuerzas y el cambio de Gobierno genera un nuevo terreno para intentar que se hagan factibles estos incompresibles pedidos del diario sobre el papel de ‘las botas’.
Tras doce años de Kirchnerismo, en los cuales, las fuerzas no tuvieron lugar sino que además los principales represores de la última dictadura fueron enjuiciados en un claro ejemplo de avance en derechos humanos, el Gobierno de Mauricio Macri mostró indicios de que el camino ahora recorre otro rumbo: la derogación del decreto firmado por Alfonsín que delega atribuciones del Poder Ejecutivo a las fuerzas, la declaración de Macri “el Estado las abandonó” y la presencia del ex carapintada, Aldo Rico, en el acto del Bicentenario en Palermo hace pocos días, son ejemplos del nuevo camino optado.

Volviendo al contenido explícito de la nota editorial, aparece en la última oración una frase recurrente por los que buscaron, y lamentablemente aún buscan, justificar el accionar militar desde el año 76 hasta la vuelta de la democracia que es el absurdo de “la guerra antisubversiva”. A no confundir: el genocidio no es guerra, el atroz fusilamiento a inocentes no es guerra, la persecución, el hostigamiento, la tortura y la desaparición tampoco.

“En 33 años de gobiernos constitucionales el Congreso nunca desarrolló una discusión seria sobre las implicancias de quitar gradualmente a las Fuerzas Armadas su capacidad defensiva. Pero esto sucedió. Cualquier voz señalando esa falencia sería mal considerada políticamente y sospechada de defender ‘represores’ o de alimentar intenciones golpistas” dice uno de los pasajes de la nota publicada por el diario. En relación a este argumento, es necesario enumerar algunas posturas que prefirió tomar La Nación sobre las fuerzas. En este sentido, recordar el conocido editorial de fines del año pasado que suplicó “No más venganza” en defensa a los genocidas, que hasta los propios periodistas del diario salieron a criticarlo o a despegarse, lo mismo cuando se comparó a los avances en derechos humanos como una venganza o revancha contra los militares culpables de la dictadura en otro editorial titulado “La justicia prevaleció sobre la venganza” en 2014 o, por otro lado, la asociación de la palabra lucro a los DD.HH en intento de generar un polémico oxímoron. Esta serie de ejemplos permite dudar de los intereses de La Nación para con las Fuerzas Armadas argentinas que no sólo pretenderían un avance en la política de defensa sino justificar y borrar de la memoria innumerables operaciones del terror.

Ante estos escritos, vale el ejercicio de desentrañar y reflexionar sobre los contenidos, recuperando y comparando con otros que han sido publicados por La Nación -pero le cabe a todos los medios gráficos- en su editorial y en sus notas, para comprender que, a diario, se construyen discursos introducidos irremediablemente en la esfera pública, por ende en la opinión de las personas, y generan conciencia, ideología, modos de actuar, etcétera.

Cuando surge una nota editorial así, debemos detenernos a pensar debido a que no son porque sí. El hecho de la defensa de las Fuerzas Armadas viene sujeto a polémicas y discusión, o por lo menos en Argentina porque su historia lo comprueba y no podemos analizarlo olvidándola o corriéndola a un costado.

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