La Nueva Ciudadanía

La Nueva Ciudadanía

Una breve lectura política sobre los nuevos sectores políticos.

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Foto: Minutouno.com

Por Joaquín Nabais

Las elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires de este año, no sólo suponen un desafio para el Gobierno, sino para el intento de regenerar una fuerza política heterogénea y popular, como lo intenta construir Unidad Ciudadana. En estos días se puede escuchar el ir y venir de distintos camaleónicos candidatos, dentro de la nueva propuesta encabezada por la Presidenta con mandato cumplido, Cristina Kirchner.

Ahora bien, existe una discusión permanente entre distintos militantes y simpatizantes que deriva en un debate profundamente ideológico entre el Peronismo doctrinario y la Izquierda más fragmentaria.

Itaí Hagman, precandidato a Diputado Nacional por Ahora Buenos Aires que se inscribe dentro del espacio de Unidad Ciudadana, dio el pie para cerrar un debate que pesaba fuerte ante la presencia de un ballotage entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, donde el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, con Nicolas Del Caño a la cabeza habían llamado a votar en blanco argumentando que ambos candidatos vislumbraban el mismo patrón o tendencia política.

El precandidato porteño en una entrevista de C5N cerró de manera abrupta este debate argumentando que los conceptos izquierda y derecha se derivan de la Revolución Francesa, remontándose a la Asamblea Nacional de 1789, donde la ubicación geográfica de los diferentes delegados doctrinales de esa misma Asamblea, donde un sector posicionado a la Derecha del Presidente respondían a la aristocracia y el clero, y a su Izquierda ciudadanos autoproclamados “patriotas”.

En está época de saltos discursivos imperantes y grandes cambios a nivel geopolítico global, la utilidad de estos conceptos resulta un poco anacrónico e incluso errante. Es necesario generalizar aún más la visión, ahí es donde el dirigente advierte que por un lado existen los sectores populares de la sociedad, aquellos que representan necesidad y por lo tanto corresponsales de derechos. Y por otro lado lo que el peronismo llamó oligarquía o lo que el kirchnerismo rebautizó como el “Poder Real” y lo que se puede catalogar como la “Hegemonía Contigente”, se trata de aquel poder intriseco que cede ciertos espacios de privilegio pero avanza sobre otros que se presentaban como debates cerrados.

El caso del debate ideológico entre el peronismo y la izquierda, parece ser más obtuso cuando los poderes concentrados, la oligarquía y la administración empresarial toma el control del Estado. Estimando así que cada nación posee su sector popular representado, y aquel dicho afamado de “ser funcional a la derecha” se genera a partir de presentarse como una alternativa a ese todo, una alternativa política popular a aquello que por historicidad y pragmatismo se ha establecido como “lo popular”. Por lo tanto esa “funcionalidad” no es sólo doctrinaria de aquellos que dicen estar más a la izquierda que todos los sectores populares, ni de su repulsión por el Estado como institución humana, sino por su capacidad de desnudar que cuanto peor sea el escenario, cuanto más avance la hegemonía dominante sobre los sectores recuperados, más es posible generar una revolución que ya ha sido vencida.

Cada nación genera sus cambios radicales como sean posibles, las revoluciones heroicas del siglo pasado sólo son recuerdos que representaron una gran derrota de esos mecanismos contra-hegemónicos. Es hora de establecer nuevas formas más inteligentes para reconstruir la humanización del Estado y la economía, desde el discurso, la información y la naturalización de la discusión política como herramienta de reconstrucción de las sociedades igualitarias. También establecer que sean posibles esos avances sostenidos en el tiempo de manera paulatina, de eso se trata una nueva construcción de la política de todos en una Argentina cómoda y conservadora.

¿Como es posible dar ese debate?

Quizás es más simple de lo que parece, apelar a la ciudadanía como un sector político con derechos también significa generar un nuevo actor político, en un nuevo período histórico de la Argentina. Esto se traduce como el sujeto cotidiano, que vive, sufre, ríe, se moviliza internamente, y que jurídicamente se trata de un sujeto de derechos. Desde el otro lado se lo define como “vecino”, no es casual o al menos quieren hacerlo parecer, ya que este sujeto al que apeló en todos sus años de gestión porteña, todo el período de Propuesta Republicana (PRO) se trata de la cristalización de la otredad en la política cotidiana, un individuo que no forma parte de la comunidad de la que pertenece el sujeto discursivo. La noción de ciudadano elimina esa separación y lo incluye en una comunidad de iguales admitiendo las diferencia individuales. Por lo tanto el debate se da desde la cotidianidad, desde los problemas que aquejan a todos los sectores populares por igual, si las dificultades son claras y se argumentan en la discusión, quienes responden a una lejana “Derecha”, se encontraran lejanos de respuestas.

La derrota discursiva se puede generar en un período eleccionario si existe una derrota meramente del poder simbólico, en términos más vulgares, la idea de plesbicitar la gestión macrista y una virtual victoria de Unidad Ciudadana en la Provincia de Buenos Aires posibilitarían este escenario, no significa la terminación de un Gobierno o un espacio político, sino la capacidad de construir una democracia ciudadana.

 

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