Los rulos de las PASO

Los rulos de las PASO

Opinión de Mario Wainfeld sobre la situación política del campo nacional y popular frente a las PASO.

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La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner (se) juega activamente en el proceso electoral. Explica que está dispuesta ser candidata a primera senadora en Buenos Aires. Mociona una lista de unidad sin Primarias Abiertas (PASO). Deja abierta una puerta para no intervenir. Se puede interpretar que es una renuncia anticipada a hacerlo si hay PASO, aunque no está dicho del todo. Se irá dilucidando en cuestión de días.

Lo cierto es que Cristina se implica, protagoniza y ocupa el centro de la escena. Eso solo ya es una derrota táctica para los integrantes de la coalición Cambiemos: su armado político, los aliados del establishment (con el Multimedios Clarín como vanguardia) y una fracción importante del Poder Judicial. Desde el 10 de diciembre de 2015 procuraron proscribirla, merced a un mix de desprestigio y asedio judicial. Llevarla a una suerte de exilio político, sacarla de la cancha impidiéndole participar, en el borde hasta encarcelarla. Seguramente mellaron su imagen pero no consiguieron su objetivo lo que puede atribuirse en parte al temple de la protagonista y en parte a la legitimidad que conserva el proyecto kirchnerista tras doce años de gobierno.


Avales para la tele: La respuesta del ex ministro Florencio Randazzo fue ratificar su ansia de competir, encabezando una coalición compuesta en buena medida por ex integrantes de gabinetes K. Ayer presentó públicamente avales (ver página 13), acción huérfana de validez legal porque carece de sentido hacerlo antes de presentar las listas. Es, en ese aspecto, prematura e insuficiente. Prematura porque los avales no sostienen una tesitura general sino listas concretas, que todavía no hay. E insuficiente porque en “la provincia” se disputan candidaturas nacionales y también territoriales. Senadores, diputados, concejales y consejeros escolares en 135 partidos, distribuidos en 8 secciones. O sea, que para competir “dendeveras” hay que completar, en tiempo y forma, onda 143 listas con sus respectivos avales.

La finalidad de la movida es mediática y política: ganar visibilidad, mostrarse. No es ilícito ni inmoral, desde ya, pero tampoco es más que un gesto, un modo pseudo burocrático de mostrar los dientes.


El peso del precedente: El sector de Randazzo apostrofa contra las listas de unidad, endiosa el valor de las Primarias. El kirchnerismo alerta contra los costos de una interna sangrienta. Ambos contendientes se acusan de ser funcionales al macrismo. Las dos posiciones, por ahora, están incompletas.

La oferta de lista única solo se perfecciona o embellece si la boleta “contiene” o atrae vastedad de agrupaciones o referentes. Esa armonía es muy difícil cuando por definición, existen más aspirantes que bancas elegibles a distribuir. De cualquier modo, un peronismo unido presupone un reparto plural y, aceptando la relatividad del término, generoso.

El sector de Randazzo niega o minimiza los riesgos de una interna sangrienta, que sería maná para el oficialismo. No hace falta acudir a la imaginación: ya sucedió en la contienda entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez. Si se llegara a las PASO tratando de no repetir ese antecedente autodestructivo serían necesarios pactos. En buena medida no escritos: los más interesantes, los más difíciles de consensuar… y de cumplir. Sería suicida ahuyentar a votantes no encuadrados con violencias verbales o dejar herido al eventual derrotado.

La participación de las minorías en las listas es un recurso legal que algo ayuda, en comicios parlamentarios. El régimen vigente en la tradición y los estatutos justicialistas fija que la mayoría (o quien sale primero) se alza con el 75 por ciento de las candidaturas y la minoría con el 25 por ciento. Al formarse el Frente (fecha de vencimiento 14 de junio) sus integrantes pueden consensuar un reglamento electoral más dadivoso para las minorías, como sería la aplicación del sistema D´Hont. Claro que es muy peliagudo conseguir retoques así contrarreloj, en medio del furor por el cierre.


Savoir faire: “La provincia” roba cámara, con gravitación innegable. Pero las elecciones se disputan en otros 23 distritos, cada cual con su prosapia y su color local. Ninguno es igual a otro aunque hay factores comunes sugestivos. El primero, muy fomentado por los gobernadores, es propender a las listas de unidad. Casi ninguno se alinea con Cristina pero piensan parecido sobre ese punto.

El segundo es ir dejando de lado la herramienta “Frente para la Victoria” (FpV), muy asociada al kirchnerismo. Es un signo del reflujo ascendente del peronismo conservador popular (o neo duhaldista, si se quiere) de las provincias. Seguramente habrá otras siglas en casi todos los territorios.

“Por abajo”, en las municipalidades, la lista de unidad es (más que un gusto) una compulsión para los intendentes, peronistas o de otros linajes. Desde la restauración democrática ha habido contados (aunque determinantes) juicios políticos a gobernadores o al Jefe de Gobierno porteño. En cambio, las destituciones de intendentes han sido más asiduas. Un Concejo Deliberante adverso es un potencial password para el derrocamiento. Los alcaldes (en el Conurbano muy especialmente) podrán ser aguerridos, divisionistas o hasta secesionistas en otras ligas. Pero murallas adentro de sus comunas, apuntalarán la permanencia tratando de embolsar a la mayor cantidad de compañeros. El mapa político de los distritos, con Buenos Aires a la cabeza, es un maremágnum de situaciones y de boletas.


Todo es posible, por ahora: La expresión “encuestas electorales creíbles” frisa con el oxímoron. “Encuestas electorales inverosímiles” es casi una redundancia. En las polémicas se usan como argumento, que da para cualquier desenlace o pronóstico desmesurado.

Con la “gente” pensando en cuestiones más acuciantes (sobrevivir, póngale) y sin referencias precisas sobre los candidatos de partidos rivales, el escenario es muy abierto. Hasta podría llegarse a la unidad, hipótesis muy difícil pero no imposible. La hendija entre lo muy difícil y lo imposible es tan estrecha como sugestiva… “la política” puede ampliarla o cerrarla del todo.

Durante una negociación, por tensa que fuera, el manual prescribe extremar las posturas previas, exagerar las ambiciones, fortificarse, armar las listas propias. Para desandar hay tiempo…poco en la coyuntura.

Un operador avezado en internas y vericuetos deja entreabierta la hendija. “Por ahora todo es confrontación. Pero la guerra siempre continúa hasta que se firma la paz”. La frase emana un tufillo semejante a las del insoportable y remanido Sun Tzu pero en esta situación tiene su miga.


Antecedentes y coyuntura: Varios ex presidentes tentaron suerte en las urnas después de dejar la Casa Rosada.

Raúl Alfonsín le aguantó los trapos a la Alianza en 2001: le fue fatal compitiendo por la senaduría bonaerense contra Eduardo Duhalde. Salió segundo, muuy lejos. Entró a disgusto por minoría a la Cámara y renunció antes de terminar el mandato.

Carlos Menem confrontó por la presidencia en 2003. Llegó puntero en la primera vuelta pero ese piso era su techo para el ballotage, del que huyó con desvergüenza.

Néstor Kirchner encabezó la boleta de diputados del FpV en Buenos Aires, durante el año 2009. Perdió contra Francisco de Narváez. El FpV remontó esa caída y fue el único caso en que un oficialismo vencido en “medio término” consiguió revalidarse en las presidenciales ulteriores: Cristina 2011.

Los precedentes revelan cuán difícil es volver. El capital político de Cristina es mucho mayor del que tenían, en esos trances, Alfonsín y Menem. Pero nadie es imbatible en elecciones libres en las que el oficialismo, por definición, tiene más recursos que sus oponentes. El macrismo cuenta con un aparato mediático imponente, jamás visto desde 1983.

Ya se dijo: si Cristina se presentara, sería ya un logro contra los intentos proscriptivos.

Si el peronismo se uniera, evitando canibalismo y dispersión, imitaría la sabia praxis de la oposición social y gremial al macrismo, que supo ganar las calles en convocatorias pluralistas y transversales.

Ningún resultado golpearía tanto al oficialismo como una victoria de Cristina. El efecto se invertiría en caso de derrota.

Hasta que se aclare el panorama proliferarán amagues, ambiciones, roscas, regateos, especulaciones con la cuenta regresiva corriendo.

mwainfeld@pagina12.com.ar

FuentePágina 12
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