Querer saber

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Reflexiones sobre el feroz ataque perpetrado en las oficinas del diario Tiempo Argentino, y a sus trabajadores.

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Por Joaquín Nabais

Estos últimos días el clima fue compañero de las cuestiones más desalentadoras, mientras en La Plata, bajo la lluvia incesante como el llanto de una madre, un festival en las lejanías de Tolosa, se hacia notar en un estadio, difícilmente completo. Sin lugar a dudas el día de ayer, el cierre del mismo parecía interpretar las noticias que llegarían a la mañana, algo que desde la redacción de este portal entristece a cada uno de quienes viven con convicción, pasión y responsabilidad la tarea de informar a la ciudadanía.

Esta madrugada un grupo de mezquinos paladines de la negociación física, irrumpieron en el edificio del diario impreso, Tiempo Argentino, causando destrozos en todo el recinto. Sin lugar a dudas un hecho repudiable, indeseable y que parece revivir un paisaje brumoso, en el hacer y deshacer diario del periodismo argentino, más aún el que busca establecer una pluralidad de conciencia pública, no un monocronismo intelectual que atropella las incipientes voces nacientes de una joven democracia.

No es una novedad que ciertos personajes del empresariado argentino, manifiesten su preponderancia en una “negociación” que se basa en la confrontación violenta. No es novedad, porque quienes hoy son los padres institucionalistas de los medios, son quienes figuran en innumerables investigaciones sobre el avasallamiento a la amenaza rentista, son aquellos que callaron cuando había que hablar, y hablaron diciendo que no se podía hablar, haciéndose eco en miles de pantallas, radios y diarios, diciendo “Es un ataque a la libertad de prensa”, cuando ellos siguen hablando, y hoy muchos están callando debido a la siembre directa, del odio y la violencia, de la construcción en base a alianzas fisgoneadas por el enfrentamiento. Una suerte de búsqueda y destrucción de aquello que aparece como una alternativa atractiva, a sus condicionantes pretextos.

Parece que la tarea de la comunicación hoy es ser una suerte de rompecabezas para una cierta clase de oyente, televidente y/o lector, donde la información en algunos casos es totalmente parcial, que se pierden datos intrínsecos a la búsqueda de la verdad, entonces se corre el riesgo de la tergiversación mediática, y cuando ya es una practica usual, la mentira supera las expectativas, la corrosión de un discurso centenario. Hace unos años de atrás, aparecían ciertos “notables” del periodismo argentino sensacionalista, decir que pronto ciertas políticas públicas se iban a encargar de desplazarlos de la opinión pública. No solo no fue así, sino que hoy esos “notables” siguen en sus lugares, con el afán militar, de haber derrocado un régimen dictatorial, y de resonar entre lineas destiladas, que la población no sabe nada, vota de manera equivocada. Mientras algo deje un billete no habrá ideología, serás un barrilete, parece resonar en la mezquindad de los grandes medios corporativos, a sus “notables” mayordomos.

No hay que reprochar nada, a aquellos que se mantienen en una posición ideológica distante y respaldan sus dichos con una convicción clara, una detonación de que sus argumentos se basan en la cotidianidad, su lugar, infancia, construcción intima y el hogar de principios. Pero aquellos que hoy callan, fraccionan lo ocurrido, justifican la violencia con una información que puede ser comprobable, pero no hay hecho, palabra, argumento, patrones, discursos, que justifiquen la violencia sujeta a la actividad más sensible en términos de derechos. El que quiere informar que tenga el bolsillo para hacerlo, parece ser hoy el paradigma. Quien tenga la conciencia limpia, que informe. ¿A quién vas a escuchar hablar de vos?, ¿A quien le vas a dar el traje de dios?, ¿A quien vas dejar darte un consejo?, si hay un cazador para cada conejo. Que nadie te marque tu destino, si no hay capitán no hay marino.

El cielo sigue igual, como si nada hubiese cambiado, como si las voces que un día hablaron sin desanimo, hoy callan, en su silencio son cómplices del palo y bozal que buscan retratar. Donde fracasa el periodismo, el pueblo busca abrigo.

Nuestra solidaridad desde Informar.com.ar,  con los compañeros de Tiempo Argentino, ante este hecho repudiable, que daña la memoria, y compromete a la comunidad periodística a no callar.

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